CRÍTICA CRÓNICA CONCIERTO VAMPIRE WEEKEND MADRID 28/02/2010…BUENO, BUENO, BUENO.

Bueno, bueno, bueno…por dónde empezar a hablar del concierto que anoche ofrecieron los insultantemente jóvenes Vampire Weekend por primera vez en la capital. Lo tengo muy claro, justamente por ahí empezaré,  por el “bueno, bueno, bueno”. La de anoche sin llegar a ser épica sí que resultó una noche de las de quitarse el sombrero. Resultó ser un concierto bueno en su más amplia acepción.

Buen sonido. De hecho inmejorable, conjugando con la mecánica del que recita la tabla de multiplicar música y voz, sin que ninguna restara protagonismo a la otra.

Buen empuje desde el escenario. Los neoyorquinos disfrutaban con sus maquinitas, con sus guitarras, con un batería recién cargado y un insultantemente feliz Ezra encabezando orgulloso el asalto de los cuatro universitarios a un público que poco iba a exigir, ni tendría por qué.

Pero no todo lo bueno que resultó de anoche en el remodelado Circo Price de Embajadores fue gracias a la destreza y el virtuosismo in-crescendo (les queda camino por recorrer) de unos Vampire Weekend a punto de despegar (habrá que estar atentos a su trayectoria en los próximos años). Gran parte del éxito nos lo deben a nosotros. Sin falsas modestias, nos lo deben porque resultamos un público ganado y vencido desde el minuto cero. Me atrevería a decir que nada más comprar la entrada (que agotaron). Esa bajada de defensas del gran público de Madrid se sintió y se vivió cuando los Vampire Weekend, en el minuto menos uno, pusieron los pies en polvorosa para entrar al escenario. Desde el segundo cero, la gente gritaba, se exaltaba, se tocaba y se hablaba. Delante de mí había un mozalbete la mar de simpático que ojalá hubiera estado presente el día en que en ese mismo escenario los gafapastas madrileños se unieron para enfriar el concierto de los también compatriotas neoyorquinos THE PAINS OF BEING PURE AT HEART, pero eso es otra canción que ya cantamos en su día.

Lo de ayer fue cálido como un concierto en las Bahamas, con la audacia y la inteligencia de un concierto de un campus neoyorquino y con el brío y el entusiasmo que brinda la audiencia madrileña cuando se le vienen las ganas. Por momentos pensé en unos Franz Ferdinand amateurs que empiezan a despuntar. La gran diferencia entre aquellos, los de Glasgow y estos nuevos de Nueva York,  es que a aquellos primeros les chifla la pose y se autocomplacen en el escenario construyendo un cristal que sirve de perfecto escaparate emocionante para su arte pop, mientras que los Vampire Weekend en su concierto de ayer ofrecieron con premeditación y alevosía  un catálogo de arte bien encuadernado, de tapas plastificadas.

Imposible resistirse al encanto de tanta música, de tanta buena música. Hubo bailes de salón de la mano de “Oxford Coma”,para mí su mejor canción del primer álbum, maravillosas pseudo-baladas como “Taxi Cab”, una joyita escondida en su gemológico segundo álbum de título CONTRA, que sonaba igual de bien que en el vinilo. “White Sky” y “Holiday”, dos canciones estandarte muy definitorias de este pop blanco africano que abanderan los Vampire Weekend, fueron un buen comienzo para una fiesta vibrante que nos terminó de desperezar con  un familiar, pero no por eso menos impactante  “Cousins”, y terminó fundiéndose en una comunidad de hermandad universitaria con  el imprescindible arrebato de “Walcott”. Momento final en el que más de uno nos quedamos con las ganas de saltar al escenario para comernos a besos a estos americanos de pluma inglesa.

El de anoche fue un conciertazo bueno, sí, muy bueno, buen baile, buen ambiente, buenos gritos. La de anoche fue una noche de concierto de esas que siempre te arrepientes haberte perdido y es que esta vez, el arrepentimiento está más que justificado, porque Vampire Weekend hicieron que el público de Madrid los adorara un poco más. Otra panda de gurús de un Olimpo – ¿efímero? – no – tan – lejano – de –  la – nueva – música que se materializaron en carne y hueso,  para ayudarnos a entender en hora y media de concierto de qué va esto de la música en los tiempos que corren.

P.d: …no se vayan todavía que aún hay más. Esta tarde colgaré algunos vídeos y fotos de la actuación de ayer.

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EL FESTIVAL DE BENICASSIM 2010 EMPIEZA CON SORPRESAS

 

Después de una pasada edición 2009 bastante regulera, depués de cambiar de manos y dejar a los Hermanos Morán en la cuneta, había mucha expectativa creada en torno al festival más importante de España. Además este año el Primavera Sound había sacado pecho y cabeza con un cartel de lujo capitaneados por Pixies. La primera tanda de confirmaciones fue tan flojita que no me apetecía ni comentarla aquí, pero hoy se ha hecho pública una segunda tanda y he de decir que tengo que empezar a ahorrar. Por el momento parece infundado el rumor que dejaba en segundo lugar a los grupos nacionales, porque la apuesta no puede ser más jugosa en cuanto formaciones peninsulares…mucho tienen que cambiar las cosas para que yo no me plante en Castellón este año a ver:

– CUT COPY

– VAMPIRE WEEKEND

– KLAXONS

– CALVIN HARRIS

– PIL

– KASABIAN

– TRIANGULO DE AMOR BIZARRO

– LOS ILEGALES

CRÍTICA CRÓNICA CONCIERTO FANGORIA Joy Slava Madrid 18-02-10. VENI, VIDI..¿VINCI?

 

Fangoria se despiden y quieren hacerlo a lo grande, mostrándose más complacientes que de costumbre con los que somos su público más (in)fiel. Así se anunciaban los cuatro conciertos sold out de la Joy Slava de Madrid, una sala mediana, discoteca de las putas y los traficantes del este. Por definición ésta parece una buena forma de despedirse del respetable hasta que la edición del que será su próximo trabajo de estudio vea la calle. Se anticipó también la estructura del concierto, la primera parte eléctrica contendría todas aquellas canciones que los directos de los años han ido relegando al Olvido-Gara del set list. Una parte sólo apta para hard die fans. Y aunque en principio la idea me parecía sensacional, la única verdad, que es la mía, es que quedó demostrado que muchas de estas canciones dejaron de estarlo porque son difíciles de digerir en directo y porque para defenderlas hay que tener mucha destreza y muchas ganas. De esto segundo no dudo que Fangoria vayan sobrados. Y creedme si os digo que sinceramente lloraba amargamente de rabia porque a los veinte minutos de repertorio tenía unas ganas locas de escuchar algún otro tema rescatado. Tal vez no fuera una buena elección de los temas, o tal vez digerir de una atacada todos los retratos menores de los de Madrid, sin concesión a single alguno, no fuera tan buena idea como lo pintaba el panfleto de la entrada. El caso es que me jodió sobremanera no alcanzar cuotas de hiperventilación emocionado cuando sonaron canciones como “Amo el peligro” o “El glamour de la locura”.

Otro gran atractivo de esta primera parte es que la formación de músicos era diferente, Nacho, Alaska y Spunky se hicieron acompañar a la batería por Eric de Los Planetas contagiando así sus composiciones de la urgencia de los compositores granadinos. Elección más que acertada. Una delgadísima Alaska volvió a mostrar como nadie que su ámbito natural es estar entre bambalinas, repartiendo simpatía al principio y al final de la primera parte. En esta primera mitad de la noche estuvo poco habladora, parca transmitiendo y explicando, algo que supongo premeditado pues Nacho siempre le está recriminando que cada vez habla más en los conciertos. Apareció en escena con un velo negro sobre la cabeza, como buen guiño a su etapa Fan Fatal. Pero en su resumen esta pseudo-resurrección de algunas canciones me sonó a poco y me emocionó más bien poco.

Muchas expectativas para muy poco ruido. Aunque como siempre divertidos. La segunda parte más erótica – festiva, suponía ser lo mejor de su anterior gira y si bien aquí el repertorio te ayudaba más a saltar y brincar, una algo plomiza primera parte había dejado al público desperdigado y poco atento a la función.

 Me quedo con la idea de que los conciertos de Fangoria con el transcurso del tiempo tienden a convertirse en una reunión de amigas que quedan para tomarse unas copas mientras escuchan un concierto y no un concierto en el que te tomas unas copas.

Todo risas y brincos pero no consigo recordar con nitidez nada, absolutamente nada de esta segunda parte que no hubiera recordado antes ya. En definitiva, que no hubo traca, confeti y megatrón, aunque sí que se celebrara como la que más esta canción. También hubo conato de enloquecimiento colectivo con una versión remodelada y atemperada del “No sé que me das”, himno generacional de los drogotas de mi edad y la (única) mejor canción de su último álbum “La edad de hielo” El final del concierto se cerraba con un homenaje a Carlos Berlanga, canción con la que cerrarían, según Alaska, las cuatro noches de conciertos y que ponía punto y final al repertorio, porque el concierto continuaba con un divertidísimo sorteo de “cápsulas de tiempo” en las que Nacho y Alaska habían incluido recuerdos de sus viajes a bordo del barco Fangoria. Esa noche regalaron dos cajas de su viaje a México, y por dos números no le tocó a mi amigo Víctor. Así que Víctor, ya sabes…desafortunado en el juego…

Fangoria ha demostrado en sus últimos cinco años que han sabido aprovechar los cursos de verano y han mejorado sus conciertos notablemente, a pesar de que siempre ha sido su asignatura pendiente. Mejoras en el sonido y una puesta en escena cada vez más meditada, junto al eminentemente carácter lúdico de todas sus presentaciones, los convierten en una reunión social de parada obligatoria en la noche madrileña, pero muy a mi pesar, la sensación de este último concierto es que esta vez Fangoria, vino, venció, pero no convenció.

CRÍTICA CRÓNICA CONCIERTO MANOS DE TOPO 17/02/10 MADRID Círculo Bellas Artes – !Qué arte!

Introducción: Las decepciones

La noche a pesar de las ganas con las que se presentó, se desdibujó en las últimas horas de la tarde. Yo tenía una cita con uno de los hombres más singulares que ha entrado en los últimos tiempos en mi vida, una especie de superhéroe bancario que responde en el chat por el nombre de “Badman”. El caso es que gran aliciente de la noche residía en que por fin lo iba a ocncer, le iba a poner cara; por fin había encontrado un complice con quien cuchichear en cada canción de los Manos de Topo…. pero no pudo ser. Badman me cambió por un crío con pañales y en su lugar me envió a una China Mongola, que para ser sinceros, ocupó su lugar de la mejor manera posible.

Así que lo que se convertiría en una velada conciertil entre los Manos de Topo, Badman y yo, se convirtió en una velada conciertil con mis amigas China Mongola y  “La Raque”, vamos que una vez más todo quedó en casa, como de costumbre. 

La otra decepción de la noche fue averiguar que los Manos de Topo no han editado ninguno de sus dos LP´s en formato de vinilo. Mi gozo en un pozo. Y que las camisetas eran, feas no, lo siguiente. ¿Me pregunto cómo puede ser que unos tipos que cuidan hasta el más mínimo detalle su puesta en escena y la producción de sus discos han permitido ese ñordo de merchandising?. Daba penita acercarse a la cutre mesita que habían colocado para la ocasión, con dos camisetas de mercadillo regional, tres  feos “pins” como su puta madre y los consabidos CD´s. Creo recordar que en el FIB de hace unos años vendían unas camisetas mucho más molonas.

 Preámbulo: Cervezas y Teatro.

Como mandan los canónes, las dos horas previas a la puesta en escena del grupo catalán con reminiscencias gallegas y menorquinas, se regaron con 4 o 5 cervezas en tabernas de dudosa categoría de la noche madrileña. Aunque mi alma lleva semanas revestida de plomo y cuesta arrancarme una alegría, las amigas se esforzaron en aprender sus papeles y lo bordaron, como de costumbre. Cervezas, aceitunas, patatas bravas y unos amigos ¿se os ocurre algo mejor?

 En la puerta del Círculo de Bellas Artes estaba esperando el bajista del grupo, que si me permitís la gracieta fácil es bastante grande el mozalbete. No soporto que los artistas se dejen ver antes de un concierto. Si eres una estrella, y los Manos de Topo lo son, no puedes dejarte ver antes, en todo caso después de la actuación para dejarte adorar el ego, pero nunca antes.

El Teatro Fernando de Rojas (dentro del Círculo de Bellas Artes) resultó la caja perfecta para el regalo de los Topos. Porque como intuiréis, pocas críticas negativas vais a sacar de este texto. Son listos y la gente lista pocas veces se equivoca. ¡¡Sí señor! por esos músicos y la música que son capaces de parir!! El caso es que el teatro completamente vendido, tenía la acústica y el atrezzo necesario para vender el repertorio de esta forma tan sublime como lo vendieron.

 La historia: Música y risas a tutiplén.

No seré yo quien por enésima vez  hable de la característica forma de cantar de los Manos de Topo. No seré yo quien diga que nada más empezar con LA CHICA TRIPOLAR, dejaban bien clarito que si Miguel Ángel canta así es porque les sale de los huevos y no porque pretenda esconder sus carencias vocales. Muy al contrario, el tipo sabe cantar y mucho. Nótese que digo “mucho” y no bien. Aunque tam-bién.

Ejecutadas las canciones con la misma proeza que destilan sus dos LP´s, y presentadas bajo la misma forma de acabados claros. Manos de Topo sabían barrer tensión del escenario entre pitos y bromas  cuando la gente empezaba a hundirse en las butacas. Hundise se entiende que abrumados por las letras tan impactantes y naturalmente bestiales  que les caracterizan y que junto a su forma de cantar se han convertido en el pasaporte de los Topos a nuestra escena musical.

 Un trío de instrumentos de viento acompañó a los Topos en la mayoría de sus canciones, haciendo más dinámico con entradas y salidas del escenario un repertorio que si por algo se caracterizaba él solito era por la agilidad que le imprimían los Topos gracias a las ganas y dedicación con que presentaban las canciones. Canciones estuvieron todas. Los Topos estuvieron todos y del todo. Los músicos que rodean el maravilloso desparpajo de Miguel Ángel Blanca sabían actuar perfectamente como alter egos de su voz principal.

 Se lucieron especialmente con ES FEO, como no podía ser de otra manera y con todas las que ellos solitos escupían sobre las tablas, dejando al público que se cogiera tales confianzas, como para espetarles a voz en grito antes de los bises “a trabajar que sois muy perros”, algo que no diría yo que sentara especialmente bien al grupo catalán, que volvió a salir a escena bromeando sobre ello. Pero ahí reside el enigma de los Topos, son tan cercanos, dan tanta confianza que al final da asco. Unos genios dentro del armario.

Capítulo 2: Yo quiero ser una guest-star

 La noche la pintaban especial y la primera persona que se encargó de pintarla de color especial fue Ramón, vocalista de NEW RAEMON, en cuya primera intervención estuvo parco, las voces no terminaban de casar como yo estaba buscando, pero he de decir que Ramón es otro animal al estilo de Miguel Ángel y que como pareja artistica funcionan de maravilla.

Menos suerte tuvo la actuación de la vocalista de LOS PUNSETES, que fue recibida con la máxima ovación de la noche. Lo siento,  aquí el problema vuelve a ser mío, pero no soporto el hieratismo buscado en la autocomplacencia cuando estás encima de un escenario, ¡chúpate esa!. Esa actitud pseudopunk pasada de moda no comulga con mi forma de ver el arte, así que bueno, la chica llegó, cantó y se fue para no volver.

 La tercera Guest Star de la noche, ya en los bises fue Lourdes RUSSIAN RED que demostró que, no por ser la más consolidada de la noche eres el valor seguro de la noche, la gente la ovacionó de entrada menos que a LOS PUNSETES y además se equivocó hasta en dos ocasiones en una canción en la que cantaba tres estribillos…pero….eso son cosas del directo y pecata minuta comparado con el vozarrón tan tremendo y tan accesible  que tiene la chiquilla. Que vaya pensando en un disco en español para que nos caigamos todos de culo. Muy bueno el capote que Miguel Ángel le echó a la madrileña. Pese a todo me dejó buen sabor de boca y finiquitó con cierre de broche caro lo que podría ser el final de la noche…aunque no se vayan todavía que aún hay más.

 La traca llegó de la Manos de Topo y Ramón de NEW RAEMON versionando “Bailar Pegados” de Sergio Dalma. Grandes, muy grandes. Arte, mucho arte. Era una versión bonita, estaba bien instrumentada y se hicieron arrumacos y carantoñas durante toda la canción como dos tortolitos barbudos. Lubricando así los sueños húmedos de los manfloritas asistentes, que éramos muchos. ¿Qué más puedo pedir? Por pedir, pido volver a verles pronto y agradecerles que me hayan raspado el plomo que me cubre el cuerpo, al menos durante hora y media. Volved pronto a la capital. Madrid os quiere, por los menos 300 personas de Madrid os quieren y mucho. Toda una noche de éxitos para cosechar un sólo gran éxito.

EPÍLOGO

Y por si mis palabras os resultan como de costumbre demasiado folclóricas porque pensáis que es un grupo que me gusta desde siempre, os diré que mis dos acompañantes (casi) totalmente desconocedoras del mundo de los Topos, salieron del concierto con media sonrisa en la cara, con el ritmo en los pies y alabando las bonanzas, no solo de sus composiciones (algo que es irrefutable) sino de su puesta en escena y de la forma tan personal que tienen de obligarte a que vuelvas a hablar de ellos.

UN LADRILLO SOBRE EL VINILO (sólo apto para vinyl lovers)

He encontrado un artículo muy interesante en El País de hace un par de años, pero creo que refleja muy fielmente lo que pasa hoy en día.

“Hace unas semanas, alguien en la cadena de supermercados estadounidense Fred Meyer se equivocó con un pedido de Accelerate, el último disco de REM. En el albarán, en vez de marcar la casilla CD, tachó la que correspondía a la versión elepé de vinilo. Al recibirlo, la mayoría de las tiendas decidieron devolverlos, pero aquellos que le hicieron un sitio descubrieron que se vendía a mejor ritmo que los CD. A raíz de eso, la cadena decidió volver a dar una oportunidad en sus establecimientos al viejo plástico negro: hoy, en 60 de sus tiendas se pueden encontrar álbumes de The Raconteurs, Bruce Springsteen o Radiohead y reediciones de Metallica o The Beatles. Y empieza a hablarse de un renacer de ese formato en EE UU, la madre de todos los mercados.

Las ventas han aumentado un 36% entre 2006 y 2007

Warhol diseñó portadas y libretos para LP que ahora son obras de arte. Grupos como U2 exigen que se editen sus obras en plástico. Hay compradores treintañeros nostálgicos, pero también jóvenes. Los defensores afirman que el disco tradicional hasta suena mejor. No se trata sólo de reediciones. La moda llega a todos los estilos.

Porcentualmente, los datos suenan impresionantes: en ese país los pedidos a los fabricantes de CD han caído entre 2006 y 2007 un 17%, mientras que los de vinilo han subido un 36%. Claro que cuando se pasa a números se ve que tampoco está bien dejarse llevar por la euforia: 450 millones de compactos colocados en 2007 frente a las escasas 1.300.000 copias en vinilo. La Asociación de la Industria de Grabación de América señala que la tendencia es continuada y no circunstancial. Asegura que este año se venderán 1.600.000. Y parece que en España está ocurriendo algo similar. “En la Fnac los vinilos cada año le comen más espacio al CD. Desde 2000 se van duplicando las ventas de año en año. Lo que más, las reediciones cuidadas y de calidad de clásicos del pop-rock internacional. Tenemos dos tipos de clientes de vinilo: nostálgicos de entre 35 y 45 años que lo compraban en su juventud y aman este formato, y jóvenes de entre 17 y 22 años que han crecido viendo cómo el CD no tiene valor y se suman a una moda retro. Ahora mismo hay 1.200 referencias y cada vez más grupos nacionales se animan con este formato, por lo que creemos que la tendencia del mercado del vinilo es positiva y goza de muy buena salud”, dice Sergio García, del departamento de comunicación de esta cadena de productos culturales.

A principios de mayo una veintena de puestos componían la feria del disco de Madrid. Tiendas de esta ciudad, Barcelona o Londres exponían lo mejor de su fondo. Era evidente el predominio de los viejos vinilos. Miles de ellos en un rango de precios que va desde la baratija a un euro a la joya que vale varios cientos. Entre la clientela, mucho treintañero, pero también jóvenes que apenas pasaban de los 20 como Ana, que buscaba vinilos de Pantera, un grupo heavy que nació en el periodo de transición con el disco compacto. “Las tiradas eran muy limitadas y mucha gente las busca”, le dicen en uno de los comercios. “Pero no te preocupes, tal y como están las cosas, no creo que tarden mucho en reeditarlos”, le anima el vendedor.

Ana nació en 1987, cuando los discos de vinilo vivían su última etapa de gloria. Siete años antes, las multinacionales Philips y Sony habían creado el disco compacto. Un formato que prometía “un sonido de ensueño”. El CD tenía más capacidad, 70 minutos frente a los 45 del vinilo, y una calidad equivalente, en teoría eternamente, a la de un plástico nuevo. Porque como a la vieja aguja se la suplía por un lector láser que no tocaba físicamente la rosquilla, nunca se rayaría. Además, era más pequeño y manejable… La panacea.

Arrasó. Pronto, más de 40 marcas se adhirieron al formato. Para 1996, se había hecho con el grueso del mercado en todo el mundo. La mayoría de la gente se deshizo de sus colecciones. Las multinacionales vieron un filón en reeditar todo su fondo de catálogo en versión CD, vendiendo álbumes amortizados décadas atrás a precios de novedad. Un chollo. Colocar a la gente lo que ya tenía con pequeños cambios para que no resultara tan evidente: versiones de lujo, remasterizadas, con tomas extras… El vinilo era, para el común de los consumidores, algo viejo y cutre. Aquel que defendía que sonaba mejor, más orgánico, que era un objeto bello y sensible; el puñado de aficionados que recordaban que artistas como Warhol habían diseñado portadas y libretos y que denominaban despectivamente a los CD “posavasos”, eran tachados de nostálgicos.

Pero en 2008 las cosas han cambiado. El rencor hacia el CD, el formato que, al ser clonable, ha hecho posible la piratería, empieza a hacerse público y decirse en voz alta. Hace poco, el cantautor británico Elvis Costello soltaba a todo el que quisiera oírlo una furiosa diatriba contra el compacto. “El vinilo suena mejor. Hace 20 años que nos están engañando con el compact disc”, decía. Aseguró que su nuevo lanzamiento sólo se publicaría en versión elepé. Al final se echó atrás. Pero cuando lo dijo resultaba una posibilidad creíble y hace sólo un par de años le hubieran tachado de loco.

La percepción del valor del vinilo ha variado. “Nunca se ha ido. Lo que pasa es que durante años ha sobrevivido gracias a los coleccionistas y ahora lo que hay son consumidores”, asevera Emilio Valdés, de la tienda de discos Ziggy de Madrid. “Antes se vendía la primera edición americana de tal disco por 60 euros y ahora viene gente que compra seis discos a 10 euros. Vuelve el vinilo, lo puedes poner bien grande, porque es verdad”, afirma.

Es un cambio importante. El coleccionismo tiene mucho que ver con el intercambio de cromos. No se cotiza el contenido sino la rareza del objeto. Si hay cuatro compradores y tres vinilos, el vendedor puede subir el precio hasta límites objetivamente poco entendibles. Si es a la inversa y hay más oferta que demanda, el que no espabile se puede encontrar con un trozo de plástico sin valor.

Pero si lo que empieza a haber es una nueva generación que disfruta no sólo del objeto sino de la ceremonia de escuchar música en vinilo, la cosa es distinta. Éste, como el de los libros, es uno de esos negocios en los que no todo es dinero. Entre los vendedores abundan los amantes del vinilo. Los hay moderadamente optimistas como Carlos Vega, un madrileño de 35 años, que es uno de los dos socios de Atmósfera Abrupta, una distribuidora que vende por correo exclusivamente vinilo. “Se reeditan muchas cosas en tiradas muy limitadas, 1.000 o 1.500 copias. Y hay que estar muy pendiente para conseguirlas porque vuelan. Es un mercado que está creciendo. La gente que nos compra a nosotros no son los típicos coleccionistas frikis. Esos buscan las ediciones raras en e-Bay”.

Aunque también abundan aquellos que tienen un sano escepticismo, como Jesús Álvarez, de Radio City, una tienda de discos en el centro de Madrid. “Tiene un punto de moda. Yo me alegro por la gente que se mantuvo fiel al vinilo, que ahora ve recompensada esa fidelidad, pero hay mucha gente que lo compra porque ahora te da un toque de distinción”.

Rob, el dueño de London Dealer, una tienda británica, es de los positivos. “Los que vendían CD están teniendo problemas, pero los que nos especializamos en vinilo, vamos mejor. Hubo unos años de parón, pero mira esto”, dice señalando unas cubetas en las que se amontonan sencillos a 45 revoluciones. “Son todos de bandas nuevas. Los grupos están sacando singles otra vez. Y hay una nueva generación que se apunta. Sólo hace falta que las discográficas no lo vean como un negocio a corto plazo y se lo carguen poniendo precios abusivos”.

En la última época del vinilo como formato mayoritario, los discos eran tan delgados que parecían hechos de papel de fumar. Y ahora, sin embargo, las tiradas que se traen generalmente de un puñado de fábricas de la República Checa y Alemania son de la máxima calidad. Rodajas de plástico negro gruesas y pesadas, de surcos marcados y resistentes envueltos en carpetas del mejor cartón con portadas impresas con mimo. En general, era un mercado tan residual, daba tan pocos beneficios, que las grandes preferían licenciar los vinilos a pequeñas empresas. Por una cantidad tenían derecho a hacer tiradas limitadas de discos de catálogo. Así se ahorraban el engorro de fabricar, distribuir y almacenar.

Pero eso está cambiando. “En los últimos 18 meses está resurgiendo. Estamos editando discos en vinilo de 180 gramos con una calidad muy buena. Hay casos muy llamativos como el de Metallica, que tienen un control completo sobre los lanzamientos. Nada se hace sin su consentimiento, que han exigido que la reedición de sus discos sea sólo en vinilo. Lanzamos un disco al mes en orden cronológico desde hace dos meses. Son tiradas limitadas, de 400 o 500 copias. Pero es muy sorprendente y ha superado nuestras expectativas de negocio”, confirma Paul Reidy, de la discográfica Universal.

El repentino interés de los supergrupos por sus lanzamientos en vinilo parece demostrar una nueva perspectiva. U2 también exigió por contrato que sus discos se publicaran en vinilo. Pronto saldrá una reedición de sus tres primeros álbumes. En CD se pondrán a la venta en España 7.500 copias, y en vinilo serán 500 ejemplares. Hace meses ya lo hicieron con The Joshua tree, que en España colocó 20.000 CD y 597 vinilos.

No parece mucho, pero en esta época de vacas flacas cada unidad colocada cuenta. Las multinacionales no son empresas que destaquen precisamente por su altruismo y romanticismo. Por eso resulta realmente sorprendente una iniciativa que esa misma discográfica tiene prevista para este año: un proyecto llamado Back to black vynil (la vuelta al vinilo negro). El texto con el que lo presentan es de lo más clarificador: “Susúrralo, el vinilo, que celebra este año su 60º aniversario, es sexy otra vez”.

“Aunque los analistas llevan prediciendo su desaparición desde hace medio siglo, el viejo álbum de vinilo simplemente se niega a morir porque los puristas de la alta fidelidad, pinchadiscos, jóvenes a la última y todos los que tienen algún interés en la historia lo continúan defendiendo como la forma de oír tus canciones favoritas más cargada de emociones y llena de riqueza sonora”, escriben.

Olvidando el hecho, más que cuestionable, de situar el nacimiento del elepé de vinilo en 1958, a nivel práctico la cosa consiste en la reedición en este formato de 80 títulos míticos de catálogo con un añadido: dentro de cada disco habrá un cupón personalizado con el que será posible una descarga gratuita en MP3 de ese mismo álbum. “De acuerdo con Billboard, hay una generación nueva que está evitando el CD y quiere a cambio una versión en vinilo y una descarga”, concluye esa hoja de promoción. Más claro, imposible.

No es nada nuevo. Compañías independientes de todo el mundo lo llevan haciendo años. Hace un mes este periódico publicaba una declaración de Cris Jacobs, jefe de Sub Pop, el sello de Seattle que vio nacer a Nirvana y que fue pionera en brindar esta opción. “Los que trabajamos aquí amamos el plástico, pero vivimos en el siglo XXI. Tenemos iPods, oímos música en el coche. La iniciativa egoísta obtuvo con todo una buena aceptación de nuestros clientes”.

Según las últimas estadísticas, aproximadamente la mitad de los oyentes habituales de música jamás compra un disco, ni en vinilo ni en CD. Ese 50% lo baja todo de Internet, y el 80% de esas descargas son ilegales. Queda la otra mitad. Y de repente, para ellos, se está planteando una posibilidad de futuro que hace nada hubiera sonado a ciencia-ficción: “Lo que se hizo con el vinilo no era natural. Se intentó exterminarlo. Pero no tiene por qué ser así. La televisión no acabó con la radio, porque la radio tiene un encanto increíble. Y el vinilo también. Y hoy la radio goza de buena salud y a la tele se la está comiendo Internet. Pues quizás pase lo mismo: que al final, el vinilo se quede como único formato físico”, aventura Jesús Álvarez, de la tienda Radio City.

Pero a pesar de su encanto, el vinilo lucha contra muchas cosas. Contra las casas pequeñas, minipisos en los que acumular objetos es imposible porque simplemente no caben. Contra los iPods, en los que caben miles de canciones en el bolsillo. Contra su propia fragilidad. “Da igual”, dice Emilio Valdés, de la tienda Ziggy, con esa seguridad que da décadas viendo los vaivenes del mercado. “El futuro está aquí. Ésta es la única industria donde una vuelta atrás es posible”.”

ES FEO

CRÍTICA CRÓNICA CONCIERTO AARON THOMAS Madrid 12/02/2010

Desafortunado en el juego, afortunado en amores. El viernes sufrí esta máxima. Me tocó una entrada gracias a la web amiga http://www.jenesaispop.com y me pusieron en lista de puerta, para una sola persona (febrero se ha convertido en mi mes del número impar, el 1 o el 3) del concierto que el australiano Aaron Thomas daba en la sala Soul Station de Madrid. Presentaba su nuevo largo “Made of Wood”, un álbum que sigue por la senda continuista que los elefantes dejaron en su primer disco (“Follow the Elephants”) pero que si bien es sencillamente más complejo que aquél primero, si peca de una mayor mediocridad en cuanto a temas directos y más urgentes. Es justo decir que el término mediocre puede resultar demasiado peyorativo para un trabajo de autor tan logrado como el que nos presentó el ex – boxeador.

El tipo tiene potencial, es guapo, tímido, toca bien la guitarra y canta muy bien. De hecho canta especialmente bien y ahí está la baza que nadie ha sabido sacar, tal vez ni el propio Thomas sea consciente de su torrente afinado de voz. Sin comulgar yo  (ni ser yo nada de eso) con este tipo de música que viaja entre el blues y el folk más descafeinado, cuando el señor Thomas enerva sus musculados brazos e hincha la vena carótida sí que consigue arrancar de mí un atisbo de emoción, pequeño, muy pequeño… que no estamos para festivales.

Seré sincero para no desvirtuar esta crítica lo más mínimo, por ser justo con el artista. El chaval es bueno en lo que hace, su música no es de mis preferidas, pero ese problema es mío, no suyo. Además esa tarde ni Aaron Thomas ni yo estábamos para muchos aplausos, él más desganado que las otras tres veces que le he visto sobre los escenarios y yo ahogaba torpemente mis penas a partes iguales entre el hombro de un amigo, que se fue antes de empezar la cantinela, y la cerveza medio vacía que sujeté durante todo el concierto.

Entre el público había muchas amantes femeninas de las camisas de franela lo que dio lugar al momento carcajada de la noche cuando un bollerón de manual recogía una cerveza para el mozalbete de Aaron a instancias de éste. Aaron tímidamente se lo agradeció con un “gracias maja” y la chica con dudosa feminidad le espetó a voz en grito “como me jode que me llamen maja en vez de guapa”…por algo será, digo yo. Aparte de la broma de esta chica, que resultaba realmente encantadora y que se volvía loca enseñando el CD a todo el personal allí asistente, lo que hacía preguntarme si se trataba de su representanta, lo que era obvio es que el público estaba más entregado que el propio Aaron, y fue más bien el público quien emocionó al artista, no el artista al público. No sentí en ningún momento que esa energía tuviera el feed back merecido.

El concierto terminó con muchos vítores y la sensación de que una vez más su estupenda corista Rebecca Lander le robaba protagonismo con solo mover un pie. Desde ya debería darse cuenta Aaron de que esta chica tiene que ocupar su merecido primer plano junto a él. Ella sí que es una artista como pocas. Ella sí que es la que debiera ser la reencarnación de alguien importante en la escena Indie patria….hay una persona que tal vez lea esta crítica crónica a la que le encanta Rebecca, pero él, tal vez, no sepa ni de quién hablo…

La velada terminó de una manera rocambolesca para mí, un rencuentro con un antiguo amante de una noche, una conversación que fue un error…y pronto a la cama que el finde iba a ser muy muy largo…en fin. Historias de este triste y feo mes de febrero, que supongo que algún día te podré contar. Al menos eso espero.

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