ES FEO

GLITTER POP ROCK vol. VI (Autobiografía de una recopilación)

Las noches en Madrid no son tan oscuras como las que pasaba junto a Andy en Nueva York, son noches más lúdicas donde no sólo importa el peso de la bolsa que llevas en el bolsillo, sino que siento que aquí la gente se quiere de verdad. Se quieren a ratos, a escondidas, de frente, en secreto y a hurtadillas. Madrid es la ciudad de las noches del amor y del sexo más divertido que he conocido jamás. La gente en esta ciudad se enamora como por prescripción médica y las consecuencias no pueden ser más divertidas, sin importar en absoluto que lo que venga después sea gozo o llanto.

El tiempo se acaba y ochenta minutos no son nada para haceros ver que me he pasado la vida buscando un amor que viene y va. Distinguiendo entre lo que se considera felicidad preestablecida de aquella otra que sientes realmente como propia felicidad. La vida no son más que pequeños momentos concatenados de usar y tirar. Lla vida son pequeños trozos de cristales en los que ir reflejándote y que cuando se quedan antigüos y se vuelven opacos es mejor tirar.

Qué importa el sexo, el dinero ni el género si lo que te queda al final es un momento de tí viéndote reflejado en un espejo en tu momento más íntimo de un lunes cualquier, de un domingo vulgar. Tú frente a lo que te resta de vida. Hazme caso y deja vivir a quien tienes al lado con todos sus sueños, porque un pedazo de ellos también es un pedazo de los tuyos.

 La vida es una canción, a la que como a la música te debes acercar sin complejos, sin prejuicios, ni juicios de valor, nada es bueno ni es malo, nada es demasiado moderno ni demasiado comercial, porque los días de los que se compone  tu vida, como las canciones de que se compone un disco, nunca sobran. Escucha la música y vive siempre como si fuera el primer día otra vez, siempre como si fuera tu primera canción, tu primer disco y tu primera cinta de cassette, esa que estoy seguro que todavía recuerdas…

 Ah! Se me olvidaba, prometí deciros mi nombre. Pero os tengo que ser sincero…cuando nací se me pasó preguntarles a mis padres que nombre me habían puesto y a ellos después se les olvidó contármelo…lo único que os puedo decir es que ahora todo el mundo me llama THE ONE…

FIN.

GLITTER POP ROCK vol. V (Autobiografía de una recopilación)

Fuerte y mejor posicionado socialmente decidí venirme a vivir a Madrid. Ahora que me he vuelto a convertir en un ser estable, con emociones controladas y que mi cabeza entiende por segundo mucho más de lo que otros ni siquiera podrían asumir en ochenta años de existencia, llevo una vida de lujo interno en un inmueble de la calle Velázquez y dedico mis días a acumular amores que colecciono anualmente en un pequeño calendario de pared. Me desahogo en largas noches de llanto echando en falta amantes de los que ya no recuerdo ni el nombre  y me levanto cada mañana para ir a trabajar con amnesia emocional.

Ahora trabajo como administrativo en un pequeña sucursal bancaria de una calle adyacente a la Gran Vía madrileña. Estoy contento con lo que hago, manejo el dinero de la gente y eso me permite medir a la gente por lo que realmente no es. Trabajar con el dinero de la gente es como jugar con todo lo que no es quién se encuentra frente a ti en el mostrador. Por mis manos pasan los sueños de la gente que nunca tiene efectivo y que jamás podrán cumplir, los dolores de los trabajadores de un empresario déspota y las miserias que deja toda una vida cuando llega a su fin en forma de pensión.

 Mi cliente favorito es una transexual que se llama Roberta, la pobre sufre un poco de alitosis, pero es la persona más pura que he conocido en mi vida. ¿Sabéis? pensándolo bien, Roberta tiene lo mejor de Kim y Jessie y la parte más etérea de Andy. Creo que por eso me divierto tanto con ella los viernes por la noche. Nos dedicamos a comer hasta reventar y beber botellas de vino tinto que luego colocamos en fila india, mientras Roberta me habla de sus propias teorías sobre el misterio de la existencia del Universo. 

Pero lo que más me gusta de Roberta es su habilidad para simplificar mi vida, ella es el punto de ruido justo que necesito para no sentirme solo en esta vieja ciudad de Madrid, sus conversaciones trascendentales son de risa y cuando pretende bromear consigue crear teorías empíricas sobre las relaciones sociales que me dejan perplejo durante días.

CONTINUARÁ…

GLITTER POP ROCK vol. IV (Autobiografía de una recopilación)

A estas alturas os podréis imaginar que las drogas habían hecho mucho daño en mi cerebro, la fiesta era mi modus vivendi, era inmensamente feliz, mucho más de lo permitido. Tan feliz era que ahora con el paso del tiempo y  la mirada distante, entiendo que tuviera que ocurrir lo que entonces ocurrió…La despreocupación y la cultura que había conseguido acumular viviendo junto a Andy colapsaron mis pulmones, encharcaron mi corazón y reventaron la materia gris de mi cabeza. Mi cuerpo colapsó y un mal día caí derrumbado sobre el asfalto de la Quinta Avenida de Nueva York.

 Durante años permanecí ingresado en un hospital de las afueras de la ciudad, me practicaron lo que llamaban un exorcismo del nuevo siglo.  Succionaron de mi cuerpo toda la sangre y extirparon mis órganos vitales. En su lugar reforzaron mis venas y arterias con notas musicales, ritmo, sonidos tubulares, pentatónicas, tonos, semitonos y pentagramas.

Cuando desperté noté varios cambios, donde antes había una vida humana ahora sólo había ritmo. Ahora ya no bailaba bien sino que Yo era el baile. Esto me ayudó a sobrevivir los últimos años que pasé en Nueva York, me ganaba la vida como bailarín en los clubs de alterne de Harlem. Descubrí la música electrónica y conseguí amasar una cantidad ingente de dinero vendiendo mi cuerpo como coreógrafo de los más barrocos espectáculos para turistas en la ciudad.

Incluso inicié una tímida carrera como compositor y conseguí colocar un single en la listas de éxito de los circuitos independientes de la ciudad.

Nueva York lo fue todo en mi vida, mi única amante fiel en todo ese tiempo, pero como toda relación sincera, Nueva York me pidió el todo a cambio del todo y nunca me consideré amante del totalitarismo emocional. Nueva York había obtenido de mí más de lo que estaba dispuesto a darle y una sensación de serenidad incompatible con el mundo que me rodeaba empezó a anidar en mis intenciones. Recordé los primeros años de Londres, encontré un paralelismo entre lo que entonces viví y mi nueva vida establecida como cantante y bailarín. Llegó el momento de releer la nota que firmaron K&J….” esto se ha acabado. Deberías cambiar.(…)

CONTINUARÁ…

GLITTER POP ROCK vol. III (Autobiografía de una recopilación)

Con el conocimiento recién adquirido de que no puede haber vértice en una relación de dos,  fue cuestión de semanas que me mudara a Nueva York.

 Con dos maletas y una dirección escrita en un papel aterricé en la ciudad. Me despedí de la familia con pocas palabras, aún sabiendo que sería la última vez que los vería. En su desánimo encontré la fuerza para marcharme del lugar en que alguna vez creí ser feliz.

 Nueva York me mimó de la misma manera que cuida una madre yonqui a un hijo no deseado y pronto supe emular el andar de los neoyorquinos de los suburbios. Me resistía a que el caos se plantara en mi vida y conseguí trabajo como recepcionista en una agencia de publicidad española que tenía un local en el East Side de Manhattan. Nunca jamás en mi vida he tratado de engañarme más a mi mismo que en aquella época. Mientras mis hábitos diarios intentaban mimetizar mi anterior vida en Londres mi cabeza se resistía a aceptar como propia aquella existencia  y ocurrió lo inevitable.

Mi propia travesía por el desierto emocional me llevó a buscar consuelo en los peores tugurios de música nocturna y comencé a titubear con las drogas hasta que conseguí domarlas ytutearlas como a alguien más de la familia.

 El sexo se convirtió en mi alimento y sólo bebía el sudor que emanaba de mis amantes mientras follábamos en la cama.

 Fue domingo también el día en que conocí a Andy.  Un tipo largo, mucho más años mayor que yo y con una cara poco amable. Lo conocí en un harem musical en el que el sexo, los sueños y el arte eran el sustento y la razón por la que vivir. Supongo que tuvimos sexo, no recuerdo bien si me invitó a una onza de chocolate o fue una noche de sexo desenfadado lo que me enganchó a Andy. Era pintor  y el trasiego cultural que se movía a su alrededor me enriqueció de cultura, de emoción y de talento. Pero también me despojó de cualquier sentimiento positivo hacia los seres humanos. Desprovisto de capacidad para amar, me consideraba a mi mismo como un ser superior al resto de los mortales, no me preocupaba por subsistir.

 De Andy obtenía todo, sólo tenía que servirle como ruido alrededor. Los mejores clubs y las mejores fiestas, la noche se convirtió en una secuencia ininterrumpida de 24 horas con distintas tonalidades de oscuridad, entre las que se encontraba el amanecer, el mediodía y la medianoche. Me convertí en un personaje de esos que llamaban arty, vestía de negro, llevaba gafas oscuras hasta cuando hacía que dormía. No mostraba ni permitía que nadie viera mis preciosos ojos azules ¡yo era mucho más que el resto de gente con la que me cruzaba por la calle! y no quería que mi basto conocimiento de este siglo de existencia se escapara de mi cerebro a través de la pupila.

CONTINUARÁ…

GLITTER POP ROCK vol. II (Autobiografía de una recopilación)

Los domingos eran mi día favorito de la semana por aquello de completar el círculo, ¿la semana empieza o acaba en domingo? .

El domingo de aquella semana de ese año, conocí a las dos primeras personas que tendrían nombre propio en mi vida, una se llamaba Kim, una chica alta y de tez pálida y la otra era su inseparable Jessie, otra mujer escocesa de pelo rojo y largas piernas salpicadas de pecas de colores  .

Con Kim y Jessie empezó mi vida y aunque lo que más tarde llegó, no tiene nada que ver con las tardes que pasaba junto a Kim y Jessie en el parque, sí que debo ser honesto conmigo mismo y recordarlas como las primeras personas vivas que se cruzaron en mi vida. Supongo que sentí amor, supongo que me excité pensando en ellas, reconozco que incluso llegué a fantasear en una vida común, los tres, riendo, bebiendo y ganando dinero para estar siempre cómodos. Con ellas no sólo llegó la Vida (así en mayúsculas) a mi existencia, sino que acudió también la Realidad (también en mayúsculas). Una Realidad efímera que me mostró que la existencia intrínsicamente conlleva una pérdida.

 Kim y Jessie se casaron un año y dos días después de aquel domingo en que nos conocimos, recuerdo perfectamente esa fecha porque fue en su noche de bodas cuando con ellas perdí la virginidad. A la mañana siguiente una carta sobre el WC decía con letra decidida y por dos veces con distinta caligrafía: “Querido, esto se ha acabado. Deberías cambiar. Nos vamos de Londres. Adiós. Querido, esto se ha acabado. Deberías cambiar. Nos vamos de Londres. Adiós. Firmado K&J

Hay gente que vive en la luminosidad del día toda su vida, sin matices, puro Sol, no hay cabida para la sombra de una Luna cambiante. Yo era así hasta que Kim & Jessie desaparecieron. A partir de ahí un germen anidó en mi estómago. Nada me parecía ya real, todo estaba visto, la gente a mi alrededor no eran más que meros autómatas que me daban compañía lastimera. Mi cerebro desarrolló partes dormidas, agrietando mi  moral y mi conservadurismo. Se acababa mi etapa diurna, la noche empezaba ahí en aquél pedazo de papel que dejaron firmado sobre el WC de un hotel.

 Hasta siempre mis queridas K & J.

CONTINUARÁ…

GLITTER POP ROCK (Autobiografía de una recopilación) vol.I

Debería empezar a contaros mi vida diciendo cuál es mi nombre pero eso tratándose de mí es algo complicado y prefiero dejarlo para el final.

Tampoco tengo muy claro si debiera empezar definiéndome como chico o chica, porque tampoco ha sido algo muy definido en mi corta vida.

Desgraciadamente mi vida sólo cabe en un antigüo CD de 80 minutos. Ese es el tiempo de que dispongo para resumirosla por eso no puedo empezar desde el principio y tampoco creo que tenga tiempo para contaros el final.

Me crié en un barrio del norte de Londres, un barrio acomodado de blancas casas unifamiliares de marcado estilo victoriano de reciente construcción. Muy cerca del cementerio de Highgate. Recuerdo aquella época como una de las más tranquilas de mi vida, siempre he considerado aquellos primeros años como los más planos y vacíos de mi vida. Pero eso no significa que no fuera feliz, al menos con una intensidad moderada.

 Por aquella época decidí mudarme a un piso cercano a la casa de mis padres, conseguí un trabajo cómodo de oficinista en el centro de Londres y me rodeaba de muchos y diferentes amigos con los que pasaba la mayor parte del tiempo libre. Los fines de semana solíamos quedar para beber en un pub que daba a la puerta del cementerio y después nos marchábamos todos juntos en aquellos inmensos autobuses rojos al centro de la ciudad. Disfrutábamos muy educadamente del power pop que radiaban incensantemente en las principales cadenas de radio locales.

No tenía sexo, no tenía pareja, nunca había besado a nadie y aún así siempre buscaba en las esquinas de los bares, alguien con quien compartir mi inocuidad de aquellos días.

Quería compartir una cerveza mientras completaba el hueco que sentía en mi lado derecho mientras saltaba tontamente al ritmo de temas de potente pop. Por aquella época la gente común como yo, acudía en masa al supermercado, a la discoteca, al pub, a la escuela, al trabajo, a la universidad, nos dedicabamos a sonreír, a llorar cuando era obligado llorar y nos acostábamos al final del día, reseteando todo lo vivido el día anterior. Nadie era nadie para nadie.

CONTINUARÁ..