“LA ELEGANCIA DEL ERIZO” ¿EL LIBRO PESTIÑO?

Sentimientos encontrados. Pero definitivamente no lo recomendaría. Supongo que es exactamente lo mismo que pensaba mi amiga Irene cuando me lo prestó, excepto que pienso que sobre ella primaba más la curiosidad  por conocer mi opinión sobre el libro que la de recomendarme una buena lectura.

Una amiga de esa misma amiga ha dicho este fin de semana sobre el libro: “a veces no sabía qué hacer con el libro”. Eso es muy exacto y muy correcto.

 A este libro le sobran 150 páginas y le faltan frescura y autonomía propia. Me explico.

 El libro está escrito por Muriel Barbery una profesora de filosofía  nacida en Casablanca, que en vez de utilizar sus (suponemos) vastos conocimientos sobre filosofía para construir una novela consistente, ha optado por no mezclar la historia con esos supuestos vastos conocimiento ¿El resultado? bloques de cinco y diez páginas fácilmente identificables y suprimibles que no suponen ni un avance ni un retroceso en la novela, no aportan nada. Por momentos recuerda a aquellas lecturas juveniles de “inventa tu propio final”. Resulta relativamente sencillo arrancar del libro, las 50 o 60 páginas que realmente conforman la novela y dejar encuadernadas toda la indescifrable dialéctica onanista que la escritora ha soltado como poseída en la mayoría de las páginas del libro.

 Parece que la escritora se autocomplacía exponiendo sus teorías filosóficas sin ton ni son, un ejercicio de autoescucha que aburre hasta el sopor. Páginas y páginas de palabrería que no lleva a ninguna parte, que sólo hará las delicias de aquellas personas que busquen en los libros quien los eduque a saber pensar. Y ni siquiera el lenguaje está tejido con la sencillez necesaria para alcanzar ese fin.

 Lo que podría haber resultado un delicioso cuento breve y por qué no decirlo también, con un argumento demasiado toqueteado, típica historia de señora pobre, fea y lista que consigue entrar en la clase social alta, se ha convertido en una letanía sin escrúpulos por culpa de su autora, que en vez utilizar sabiamente sus conocimiento sobre el pensamiento humano para construir y vestir la novela, los utiliza como arma arrojadiza sobre el lector, construyendo en ocasiones frases que ni siquiera tras la quinta relectura arrojan algo de significado, ni siquiera sirven como falsas trampas para el transcurrir de la historia.

 Por todo esto me resulta un libro tramposo y pomposo. Por momentos pestiño, por momentos bonito cuento.

 Ahora bien, al César lo que es del César, es una pena que la autora sufra de incontinencia filosófica verbal, porque demuestra en las escasas 60 páginas que realmente conforman la historia, una habilidad para trasladarte al punto de vista del personaje y una inteligente y sutil forma de hacerte llegar las emociones de los personajes, sin necesidad de abrasar con la inútil perorata filosófica. Esto lo demuestra de manera especialmente ágil al escribir el sorprendente final.

Estoy en una época en la que analizo minuciosamente cada obra de arte que me encuentro, cine, música, literatura…y el final de esta novela me conmocionó durante media hora del domingo por la tarde, consiguió sumirme en un impasse nervioso. Ya no tanto por lo que les ocurría a los personajes sino porque me he planteado de manera muy vívida por primera vez que se debe sentir en un momento muy concreto de la vida. Por respeto a los que no hayáis leído la novela, no desvelaré cuál es ese momento concreto.

Rating: 5/10

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MI PRIMER LIBRO DE CABECERA: MORTAL Y ROSA

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Esa pregunta de película, ¿cuál es tu libro de cabecera?, no he sabido nunca responderla porque no la entendía. ¿Qué es un libro de cabecera? ¿Un libro que te lees muchas veces? ¿Un libro que guardas en tu dormitorio a la altura de la cama?

Ahora sé lo que quiere decir libro de cabecera. Es un libro que de bueno es difícil, un libro lento que como espejo refleja lo que tú siempre has pensado. Un libro que te hace sonrojar por no haberlo escrito tú antes.

Encontré mi libro de cabecera por casualidad. Fue en uno de esos extractos que cuelgan en las paredes del Metro de Madrid. Un pequeño fragmento plastificado de no más de un párrafo. Fue leerlo e instintivamente (el instinto es la mejor forma de apreciar el arte) y sin leerlo compré dos ejemplares para dos personas que quiero mucho y ninguno para mí. El párrafo que colgaba huérfano en el vagón del Metro me bastó para darme cuenta de que ese libro tenía mucho de mí. Triste es decir que aquellas palabras fueran de una pena solemne, que la pena también la hay de cuchufleta, pero la pena siempre me entra más por los ojos, por aquello de que la vida es toda alegría y la pena hay que buscarla.

Mortal y Rosa de Francisco Umbral.

Alguien de naturaleza tan grandilocuente como la mía, no puede pasar por alto que el libro nació del escritor tras la muerte de su hijo, aún siendo niño. Este hecho desencadenó el ejercicio más bonito y real de los que yo he podido leer hasta el momento. Una concatenación de coherentes ideas inconexas y reales. Pensamientos, sentimientos, realidad y vida. Umbral consigue con esta poesía en formato de novela trasmitirse todo él a través de la palabra, como si durmieras en su pecho, le acompañaras en sus compras, en su sexo, una biografía compartida. Es tan hábil con la palabra que afirmas a cada renglón como reafirmando lo que Umbral comenta y te invita a esperar fuera mientras llora el escritor los dolores que el libro narra de forma desnuda.

Es un libro muy personal para el lector (que también lo es para el escritor), difícil, lento, es poesía larga, con frases tan brillantes que hay que degustar rápido para volver a pedir otra ración. Fast-food sana.

Esto es lo que ocurre con los libros de cabecera.

Libros tan buenos, intensos que tienes que leer rápido la primera vez, dedicándoles la exclusividad de tu atención como lector, para después compartirlo entre lecturas y acudiendo de cuando en cuando, a recordar que todo lo que allí dentro está escrito, ya lo pensaste antes tú alguna vez.

¿Algo malo? sí, lo tiene. Y es que un libro como éste no es apto para todas las horas del día. Se hace bola si eres de los que suele leer en transporte público después de tu jornada laboral.

¿Y vosotros qué libro de cabecera tenéis?

Rating: 8,5/10