CRÍTICA CRÓNICA CONCIERTO SHEARWATER EN MADRID @ MOBY DICK, 08 marzo 2010 ¡BRUTALES!

Empiezo esta crónica desde mi más profunda admiración y respeto por aquellos artistas, que lo son por sus cualidades y destrezas y no por su posición. Artistas que se saben en deuda con el público, su fuente de ingresos, un público que debiera ser su máquina feed back de emociones. Un público que en ocasiones se comporta como un niño pequeño, mimado y caprichoso, y en otras como un anciano al que la vida ya no le sorprende. Empiezo esta crónica postrándome de rodillas y clavando mi admiración en el pecho de cada uno de los cinco miembros que ayer componían sobre las tablas de una medio llena sala Moby Dick en Madrid a los tejanos Shearwater, una banda que como ellos mismos dijeron en un casi perfecto español “venía de un estado que está al norte de Méjico”. He de ser justo y riguroso y alabar con igualdad de mamá que quiere por igual a todos sus hijos al nombrar con la misma ilusión a los cinco componentes de la banda en el concierto de anoche, aunque sólo los tres primeros de éstos que nombro son miembros fijos del grupo y los otros dos, debieran ser entendidos como ¿itinerantes?: Jonathan Meiburg, Thor Harris, Kimberly Burke, Kevin Schneider y Jordan Geiger.

Los de Austin, se habían traído como compañero de juegos y telonero al británico David Thomas Broughton, una suerte de Pepe Viyuela sobre el escenario, que con una pose taciturna jugaba y tropezaba con sus aparatitos, mientras entre tímidas risas el público se mantenía expectante y atónito al ver la puesta en escena. Dejó perpleja a la sala, David atinaba a cantar con una voz de otra época, unas canciones engarzadas entre ruidos y bromas, pero que escondían una belleza digna de descubrir en el salón de tu casa. Para los últimos minutos del concierto se subieron a a escena Thor Harris, Jonathan Meibung y un tercer miembro de los Shearwater. Desconcertante, descacharrante, pero con un punto naïf y una alta calidad, la de este Pepe Viyuela traído de las islas que no dejó indiferente. Y aunque no hubo ni un solo aplauso en la sala, estoy seguro de que la perplejidad dará paso a una admiración más cálida con el tiempo, cuando los que vimos el espectáculo podamos digerirlo tranquilamente con la ayuda de Internet. Su disco está en Spotify, recomendadísimo. Un artistazo.

Dos minutos después las decenas de instrumentos que poblaban el pequeño escenario de la sala Moby Dick fueron asaltados violentamente. Llegaban los Shearwater.

En sus discos pueden vendernos la moto de que les importa mucho la naturaleza, de que su música es muy delicada, preciosista, lo que queráis, pero la auténtica razón de su existencia es la brutalidad. Son unos músicos brutales, violentos instrumentistas. Unos animales musicales redondos, perfectos. Algo que demostraban, sin necesidad de hacerlo, intercambiando instrumentos y posiciones durante todo el concierto. Las canciones no es que ganaran en directo, como es habitual, es que Shearwater consiguieron que cobraran vida.

Yo no iba dispuesto a encontrarme lo que me encontré, buscaba ayer algo de refugio en sus tranquilas letanías, acostumbrado como estaba a adormecerme con sus perfectas grabaciones en disco. Pero, ¡¡ay de mí!! craso error. Los Shearwater resquebrajaron sus melodías, las encrudecieron y dieron un espectáculo digno de abrazo.

Parcos en palabras, con un perfecto español, nos explicaron que era su primera vez en Madrid, que estaban muy felices. Kimberly ,la fémina del grupo, aderezó todo el concierto con una sonrisa amable y con miradas cómplices a un público respetable, mientras entre sonrisas sacaba de los instrumentos lo peor de ellos, para que rugieran de aquella manera tan maravillosa. Un sonido bestial, una fuerza bestial, una magia especial. Un torrente de voz inagotable, una predisposición a que todo sonara bien, a que todo fuera tan bien. La de anoche sí fue una noche épica, pero me atrevería a decir que Shearwater no saben hacer conciertos de otra manera.

Mención de honor, para un público adulto y educado que supo mantener la respiración en toda la noche, envolviendo de silencio los silencios y jaleando en los arranques. De hecho el cantante informó de su asombro, al ver un público español tan callado (la noche anterior habían tocado en Barcelona). Y es que anoche, nada salió mal.

 Llevo ya muchas líneas dando vueltas a una idea que no consigo transmitir, creía que me iba a encontrar algo parecido a unos Antony and the Johnsons, pero lo que me encontré fue mucho más rebelde, más descarado, no son orquesta de salón. Lo que facturan en sus discos y lo que cantan en directo, sin ser versiones distintas, son canciones que juegan en ligas distintas. Creo que Shearwater deben crecer un poco más a la hora de producir sus discos, deben encontrar el modo de dejar ver más. Deben aprender a dejar constancia en sus discos de lo que ayer vimos, porque señores, lo de anoche fue un conciertazo de música, de música incontestable.

Ejecutaron con nervio casi al completo su último trabajo Golden Archipelago, otro discazo más para su no tan extensa carrera, y nos hicieron volar con una cadena de sus temas bandera Rooks y Century Eyes que unieron con electricidad desde el escenario que se notó como una corriente alterna entre el público.

Al bajar ellos del escenario y yo subirme a sus cielos, conseguí que me firmaran la portada de un vinilo, el Rooks, que me acababan de regalar y como recompensa y para encima parecer majos,  me entregaron el setlist de puño y letra, escrito sobre un cartón con forma de triángulo. Con todo esto pretendo hacer una cápsula del tiempo para dejar constancia de que a veces la música, por si sola, puede parecer una perfecta excusa para seguir levantándote de la cama un lunes cualquiera.

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8 comentarios

  1. Una manera estupenda de acabar una mierda de lunes, sobre todo por lo inesperado de todo lo que sucedio. Salio todo redondo como fundador.

    En tus ultimos conciertos cada uno que pasa es mejor que el anterior, te vas a volver muy exigente forbidden

    • Magnifica y apasionada crónica. A mi cabeza no le cuesta nada convertir en imágenes tus definiciones. Y ese final fimándote el vinilo y regalándote el setlist, que más pedir.
      Ah, y enhorabuena por tu nuevo cargo: “MANAGER DE LOS MANOS DE TOPO”, (vease facebook) vas a conseguir que vayan al Benicassim y a la OTI.

      • jajajajaja…ya los he visto. Estoy deseando que saquen el vinilo pa comprarmelo. Esto del facebook sí que es un invento. Claro que todavía no me han publicado un artículo en El País como a tí…todavía te tengo que superar.

        Lo de la firma del disco fue un puntazo.

    • bueno, el último al que fui de Fangoria, me dejo más bien frío. Eso sí, el de Vampire Weekend cada día lo recuerdo con más cariño.

  2. Pos hasta hoy no había leído ni el nombre de estos chicos…

  3. Oye, buena crítica… nosotros estuvimos flotando en la sala, como Dick Van Dyke, de felicidad!! Somos fans absolutos de estos tipos. Lo que no puedo aún entender es que no llenaran una sala tan pequeña como el Moby que, de otro lado, es una gozada de tamaño para ver grupos tan impresionantes como este…

    Los solemos pinchar… , pásate. Jjejejeje

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